Aldea Mendak, sur de Galaea
Con el alba regresó Furr a la aldea. Un Dumas que labraba la tierra detuvo su labor y alzó la mano para saludarlo alegremente. Furr le devolvió el saludo con una sonrisa, que se desvaneció en cuanto la criatura dejó de mirarlo.
—¡Qué bueno que hayas vuelto! —le dijo otro Dumas, palmeándole la espalda.
Furr también le sonrió. Todos sus temores de que algo sucediera en su ausencia quedaban así en el olvido. Su verdadera identidad seguía siendo desconocida para las repu