Terk se acercó con la niña en brazos. La aferraba como si le perteneciera.
—Estaba vagando al norte de aquí, creo que está perdida... Huele muy bien.
Mel se la arrebató al instante y la estrechó protectoramente.
—¡¿Cómo puedes hablar así teniendo una hermana de su edad?! Vergüenza debería darte —le reclamó ella.
—No es lo mismo. Además, los Tarkuts no tenemos familiares humanos.
Atkum, que era el capitán del grupo, se quedó mirando fijamente a la niña, de unos cuatro años, que jugaba con el