Lis se apresuró a abrir las puertas para dar la bienvenida a tan inesperada visita. Desz le ayudó en completa calma. El joven soldado bajó de su caballo y saludó a las dos personas frente a él.
—Muchacho, ¿puedes decirme dónde encontrar a la princesa Lis? —le dijo al que creyó que era un siervo.
—Si te has vuelto tan ciego nunca podrás encontrarla —respondió ella, con una sonrisa tan amplia como encantadora. No pudo contenerse y brincó a sus brazos, ante la turbada expresión de Desz y del propi