Hace más de dos mil quinientos años, bajo el cielo enrojecido, densas nubes se alzaban tras la marcha de las hordas de Tarkuts, cual tormenta de arena a su paso por los desiertos del este. Comandados por su fiero rey, avanzaban en búsqueda de nuevos territorios, lejos de otras tribus vampíricas y de los hombres lobos Liaks, pero con humanos suficientes para saciar su hambre.
Cerca del atardecer, el vigía los guio a una pequeña aldea floreciente en un oasis, que distinguieron como un manchón ver