—¿Los Talkuts oyen tu colazón? —preguntó la pequeña niña, cogida de la mano de su hermano.
—Los Tarkuts no existen, Jun. Son historias creadas para asustar a los niños.
—¡Yo no tengo miedo!
El joven le acarició la cabeza rubia, viéndola con ternura. Él ya estaba en sus veintitantos y la noticia de que sus padres tendrían un bebé lo sorprendió gratamente. La pequeña Jun de cuatro años, sonrisa fácil y ojos celestes y curiosos, se había convertido en su fascinación. Y ella adoraba a su hermano y