Como una multitud de hormigas incapaces de cruzar un charco estaba el ejército dirigido por Furr. No era sólo la repentina aparición de la ciénaga lo que los inquietaba, sino también la niebla, espesa y envolvente como la del bosque de las sombras. Para quienes habían osado penetrar en su linde no hub0 dudas: olía igual que aquella, el fatídico velo que ocultaba a las alimañas.
Furr exhaló con hastío.
—No podemos pasar por aquí con los caballos —inmediatamente agregó—. No podemos pasar por aqu