"¿Tienes miedo, Kal?", preguntó la niña, sumergida en el agua hasta la cintura.
"¡No te atrevas a llamarme cobarde, yo nunca tengo miedo!", le respondió el niño, que desde la orilla del lago tocaba el agua apenas con la punta de su pie.
"Está bien tener miedo, todos lo tenemos alguna vez, pero si le temes al agua, apestarás, y nuestro padre se enfadará".
"¡Qué no tengo miedo!", gritó el niño.
Inhaló profundamente y se atrevió a entrar en las aguas del lago. Iban estas abrazando su vientre cuan