Lis y Desz avanzaron por una sinuosa cuesta hasta que un magnífico vergel apareció frente a ellos. No había visto ella tanto verdor en Nuante salvo por el valle, que era un cementerio. Aquí brillaba la vida en todas sus formas y colores.
Árboles de ramas exuberantes y ensortijadas se alzaban sobre un cojín de pasto verde y lustroso que parecía infinito y estaba salpicado de flores de vivos colores. ¡Había aves! Y cantaban revoloteando de rama en rama, como una pequeña muestra de la vida que all