Reino de Arkhamis
Una vez más Desz yacía al abrigo de la oscuridad, con un dolor lacerante que apenas lo dejaba respirar y que no se debía a las flechas que habían envenenado su sangre, ese era un dolor que él podía soportar.
A lo lejos, por entre los enrevesados y estrechos pasillos de las mazmorras del palacio, oía los quejidos y lamentos de sus guerreros. Sufrían, pero seguían con vida. Camsuq no era idiota. Se había rendido ante los Dumas, pero albergaba una esperanza de ir contra ellos. O t