Reino de Galaea
Envuelta en la suavidad de las sábanas, Lis deseó no haber abierto los ojos. Se mantuvo quieta, acurrucada como un insecto dentro de su capullo, incapaz de olvidar quién había sido y negándose a enfrentar quién era ahora.
Así estuvo largo rato, perdida en sus inútiles pensamientos. ¿De qué servía divagar sobre una decisión que ya había tomado? Era como resistirse a ser entregada como ofrenda mientras ya iba en el carruaje camino a Nuante, un sufrimiento inútil para, al final, aca