Un cálido suspiro se mezcló con el aire de la tarde en el jardín del palacio de Arkhamis. Con la cabeza apoyada en la mano, Daara miraba la monotonía del paisaje ante tus ojos, carente de cualquier atisbo de pasión. Tal era su hastío que empezaba a comprender los urgentes deseos por ir más allá de los muros del palacio que siempre acompañaban a su hermana. Ahora Lis estaba afuera, gozando de plena libertad mientras ella seguía allí, atrapada.
Sí, la antes complaciente seguridad de su hogar, rebo