Enfurecido, Desz jalaba a Lis por un pasillo. Estaba seguro de que por ahí debía estar la salida.
—Espera, Desz, tus heridas...
—Sanarán en el camino.
—Quiero despedirme de mi hermana y mi aya.
Él se detuvo, haciendo esfuerzos por controlar la ira que sentía al verle la mejilla enrojecida.
—Date prisa, te esperaré afuera.
—Debo conseguirte ropas también, escandalizarás a las siervas si te paseas así.
Con tanta prisa él había salido al escuchar los graznidos de la reina que iba vestido apenas c