11. Hormonas y segundas intensiones
—¿Otra inyección, Giselle? ¿De verdad estás dispuesta a pasar por todo este calvario químico por ese malnacido?
Rebeca sostenía el pequeño frasco de hormonas sobre el lavabo del baño, mirando a su amiga con una mezcla de horror y absoluta impotencia. Giselle, sentada en el borde de la bañera con la camisa desabrochada y una jeringa temblando entre sus dedos, dejó escapar un suspiro cansado.
—No lo hago por él, Rebeca. Te lo he dicho mil veces. Lo hago por mí, por la empresa de mi abuelo, por mi