12. Cartas sobre la mesa
—Buenos días, Giselle. Veo que el fin de semana te sentó bastante bien.
Marcel se detuvo en seco en medio del vestíbulo principal del edificio empresarial, bloqueando el paso de manera deliberada. Giselle ni siquiera aminoró la marcha; se limitó a rodearlo con una elegancia gélida, sosteniendo su tableta contra el pecho.
—Buenos días, Marcel. Con permiso, voy retrasada para la revisión de presupuestos —respondió ella, con una voz tan impersonal que pareció congelar el aire acondicionado de la r