33. Verdad incomoda
Marcel permanecía inmóvil frente a la puerta, con las manos hundidas en los bolsillos, escuchando cada palabra que atravesaba la madera. Cuando la voz de Rebeca, cargada de furia y advertencia, llegó a sus oídos, su mandíbula se tensó hasta doler.
«¿Te estás enamorando de él?»
La pregunta se repitió en su mente como un eco persistente. Cuando la puerta finalmente se abrió y Rebeca salió, su rostro era una máscara de desafío. Se detuvo en seco al ver a Marcel, quien no se apartó de su camino.
—A