35. El tejido de la discordia
Harry apareció en la puerta, con la mirada endurecida por la reciente confrontación con Marcel, la encontró sumida en una red de apuntes y mensajes cifrados.
—Rebeca, mírame —dijo Harry, acercándose con paso firme, al verla demacrada—. ¿Qué es lo que planeas? Si haces una estupidez, no solo vas a arruinarte tú, vas a condenar a Giselle.
Rebeca levantó la vista, sus ojos inyectados en sangre.
—No voy a dejarla ahí, Harry. Marcel cree que puede jugar a ser el esposo redimido. He contactado con co