32. La oferta del demonio
En la oficina de Marcel, el aire seguía cargado de una electricidad volátil. Víctor, con una frialdad gélida, sacó un talonario de cheques de su bolsillo interior y una carpeta con escrituras.
—Una mansión en las afueras de Ginebra y una cifra con tantos ceros que podrías vivir tres vidas sin trabajar —dijo Víctor, lanzando los documentos sobre la mesa—. Desaparece, Antonia. Ahora.
Antonia, aún bajo la mirada vigilante del guardia, soltó una carcajada estridente que resonó contra las paredes.
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