36. Latidos de incertidumbre
El médico, tras unos instantes de silencio profesional, movió el transductor. Un sonido rítmico, rápido y constante, llenó la sala. Tum-tum, tum-tum.
—Ahí lo tienen —dijo el doctor con una sonrisa—. La gestación es incipiente, pero el embrión está bien implantado. Hay latido.
Marcel se inclinó y, por un instante, su mano buscó la de Giselle. Ella la estrechó con fuerza. La emoción los golpeó como una ola: el milagro biológico, el futuro materializado, la prueba de que, a pesar de todo, algo nue