—¿Usted? Señor Dixon… ¿qué hace aquí…? —exclamé, sin poder ocultar la sorpresa que me atravesó como un rayo.
Mi voz salió más débil de lo que esperaba. No estaba preparada para verlo ahí, no en ese lugar.
Él se levantó con una calma inquietante, como si hubiera estado esperándome desde siempre. Su sonrisa apareció lenta, segura, y sus ojos se clavaron en los míos con una intensidad que me hizo sentir expuesta.
Cuando dio un paso hacia mí, mi cuerpo reaccionó antes que mi mente. Retrocedí.
—¿No t