Xavier y Elizabeth llegaron tomados de la mano a la mansión. El matrimonio parecía haber fortalecido su vínculo, y por la manera en que se miraban, era evidente que no querían separarse. Sin embargo, la rutina debía continuar.
—¡Mami! ¡Papi! —gritaron los gemelos al verlos, corriendo hacia ellos—. ¡Los extrañamos mucho! —dijeron al unísono.
Xavier fue el primero en agacharse para abrazarlos, mientras Elizabeth sacaba su teléfono.
—Nosotros también los extrañamos, mis amores —respondió con una s