Dentro de la celda, Xavier terminaba de acomodar su manta sobre el planchón cuando escuchó pasos. No eran los del guardia habitual. Giró con curiosidad, y sus ojos se posaron en un hombre uniformado, de rostro inexpresivo… pero algo no encajaba.
Xavier se puso de pie de inmediato, y sacudió su cabeza.
—¡Tony!
El hombre abrió la celda, y sonrió con malicia.
—Al fin solos Montiel.
La puerta se cerró tras él. Xavier dio un paso atrás, su cuerpo estaba en alerta, mientras sus ojos recorrían al visi