RUMBOS INESPERADOS.
Pasaron varios días en aparente calma. Sin embargo, Elizabeth no lograba sentirse bien después su encuentro con Marcos. Sabía que en cualquier momento la policía o los hombres de Vicenzo podrían irrumpir en la mansión y arrasar con todo a su paso… incluso con sus propios hijos.
Era de noche, y le resultaba imposible conciliar el sueño. Le sudaba la frente y tenía temblores.
—¡No! ¡No, por favor, no! —gritó de repente, incorporándose con un sobresalto. Xavier, que dormía a su lado, se despertó d