Xavier acababa de llegar a la mansión, justo después de resolver parte de sus asuntos para abandonar la organización. La sonrisa que llevaba ese día parecía imperturbable, como si nada ni nadie pudiera arruinársela.
Sin embargo, cuando estaba por cerrar la puerta a sus espaldas, un brazo largo lo tomó del suyo y lo detuvo.
—Xavier, tenemos que hablar.
—¿Helena? ¿Qué estás haciendo aquí? —la miró de arriba abajo con desdén.
—Sé que no tengo permitido venir hasta tu casa, pero es un asunto muy imp