Aunque le temblaban las manos, Elizabeth no dejó de apuntarle al pecho a ese hombre despreciable. Tony, indiferente, soltó una carcajada cargada de sorna.
—Si Xavier no muere hoy, en el futuro me hará pagar esto con creces.
Cuando lo vio alzar el cuchillo sobre su cabeza, dispuesto a clavárselo a Xavier en la yugular, no dudó más: apretó el gatillo.
La sangre caliente de Tony le salpicó el rostro, y el arma cayó al suelo junto al cuerpo de Xavier. Elizabeth cerró los ojos con fuerza, pero no