Xavier se levantó antes del amanecer. No se despidió de nadie en la mansión; simplemente subió al auto junto a Dante. El cielo apenas comenzaba a aclararse y todo estaba preparado para la caída de Vicenzo.
—No vamos a aparecer allá, Dante. Nuestros hombres ya saben lo que deben hacer.
—Sí, señor. Solo haremos presencia desde lejos. Aun así, debemos ser cautelosos.
—Marcos está convencido de que iremos, pero no le voy a dar ese gusto. Sería como entregarle mi cabeza en bandeja de plata.
Dante so