Comenzó como algo sencillo.
Una gota de oscuridad en la lengua. Una sombra entrando por mis venas para apagar el ruido. Un recurso despreciable, sí, pero necesario para un hombre que había perdido lo único que lo mantenía atado a este mundo.
Eso me dije la primera vez.
Que podía controlarlo.
Que la magia negra no me poseería a mí como había poseído a tantos otros antes. Yo era un alfa. Yo tenía a Fenrik. Yo había existido por siglos y había enfrentado guerras, traiciones, cuerpos destrozados ba