Siempre pensé que los lobos eran criaturas incivilizadas.
Y, sin embargo, a quien tenía frente a mí no encajaba del todo en esa imagen.
Orion Fangmoon no era elegante.
Al menos no como un dragón entendía la elegancia.
Pero era culto y eso era lo que más me irritaba.
Porque no hablaba como una bestia. No se movía como una criatura incapaz de controlarse. Sus ojos oscuros me observaban con inteligencia, como si cada reacción mía le dijera más de lo que yo quería entregar.
Apreté los dedos contra