—Cinthia me lo entregó el día que fui rumbo a Boca del Río. Me dijo que tanto ella como Roy se habían dado cuenta de lo obsesivo que podías volverte cuando algo se instalaba en tu mente —dije, sin apartar los ojos de Cassiel—. Pero también me dijo que tenías un buen corazón.
Cassiel no respondió.
No parecía tener una amenaza preparada, ni una orden, ni esa furia oscura que se le subía a los ojos cada vez que algo no salía como él quería.
Solo me miraba.
Como si no supiera qué hacer conmigo.
Así