Mundo ficciónIniciar sesiónApreté los labios porque, aunque no quería tener nada que ver con Sebastián después de todo lo que permitió que otros me hicieran, descubrir cada vez más cosas sobre lo que Cassiel había hecho durante mi ausencia solo conseguía hacer crecer aquella sensación de impotencia dentro de mí.
Y no sabía si debía temerle a él por eso… o sentir tristeza por lo que mi muerte le había provocado.
Así que forcé mi mente a concentrarse en otra cosa.
En Cinthia.
En encontrarla.
—Estoy buscando a una amiga, su nombre es Cinthia, es una omega de cabello negro y ojos azules. ¿Alguna vez la has visto aquí abajo?
Sebastián abrió la boca.
Pero volvió a cerrarla de inmediato, como si incluso pronunciar ciertas palabras le costara demasiado.
Fruncí ligeramente el ceño.
—¿Dónde está ella? ¿Sabes? —insistí.
Algo estaba mal.
No era solo el estado deplorable en el que se encontraba ni aquella sombra enfermiza en sus ojos.
Era la forma extraña en que intentaba hablar.
Como si hubiera perdido la costumbre de hablar.
O como si alguien le hubiera enseñado a callar.
Di un paso más hacia los barrotes.
—Sebastián, ¿qué ocurre?
Entonces todo pasó demasiado rápido.
Una sombra cruzó el calabozo con una velocidad tan brutal que ni siquiera fui capaz de entender de dónde había salido realmente y, antes de que pudiera reaccionar, Cassiel apareció frente a la celda sujetando a Sebastián del rostro contra los barrotes mientras un sonido húmedo y desgarrador rompía el silencio.
El grito de Sebastián se convirtió en un ruido ahogado.
Mi cuerpo se congeló.
La sangre cayó al suelo.
Y solo entonces comprendí lo que Cassiel sostenía entre los dedos.
La lengua de Sebastián.
Mis labios se separaron horrorizados mientras él dejaba caer aquella masa sangrienta frente a la celda como si no significara absolutamente nada.
—No permitiré que envenenes a nuestra compañera en mi contra —gruñó con una voz tan grave que hizo vibrar el aire—. Debió arrancarte la lengua desde el momento en que obtuvimos toda la información que necesitábamos.
Sebastián cayó al suelo retorciéndose mientras intentaba respirar entre sonidos desesperados.
Mi corazón comenzó a golpearme con fuerza las costillas.
—¿Cassiel…?
Pero cuando él giró lentamente hacia mí entendí de inmediato que, aunque el rostro frente a mí pertenecía a Cassiel… quien realmente me observaba no era él.
Aquellos ojos.
Los ojos de un lobo.
El café oscuro de los ojos de Cassiel prácticamente había desaparecido, sustituido por aquella mirada salvaje y depredadora que reconocería en cualquier parte.
Fenrik.
El miedo me recorrió la espalda tan rápido que por un instante olvidé respirar.
Eso no era posible.
Fenrik no podía tomar el control del cuerpo de Cassiel de aquella manera si él no estaba transformado.
Di un paso hacia atrás.
Pero extrañamente mi cuerpo terminó avanzando uno al frente.
Porque algo dentro de mí reaccionó antes incluso de que pudiera entenderlo.
—¿Ciri…?
El cuerpo de Cassiel se tensó apenas un segundo.
Y entonces lo comprendí.
No solo Fenrik había tomado el control.
Ciri también estaba tomando el control de mi cuerpo.
Y estaba furiosa.
—Esto es antinatural —dijo mi voz, aunque claramente no era yo quien hablaba.
Fenrik soltó un gruñido bajo.
—¿Antinatural? —repitió con rabia —. ¿Te atreves a decirme eso después de evitarme durante días?
Ciri guardó silencio.
Fenrik dio un paso al frente.
—Esta es la única forma de entender qué demonios está ocurriendo contigo, porque no importa cuánto intente acercarme, siempre huyes de mí en el plano espiritual como si te diera asco.
Ciri no respondió.
Y aquel silencio se prolongó tanto que incluso yo pude sentir cómo algo dentro de Fenrik comenzaba a romperse.
De pronto él avanzó hasta quedar justo frente a mí y sus brazos me rodearon con fuerza, obligando a mi cuerpo a chocar contra el suyo mientras me sujetaba como si temiera que incluso ahí pudiera escapar.
—Respóndeme.
La presión de sus brazos aumentó.
—Me dijiste que esto es antinatural, pero lo verdaderamente antinatural eres tú rechazándome, porque puedo entender perfectamente el drama absurdo de nuestros portadores, después de todo ellos son los seres emocionales aquí, pero nosotros no. Nosotros solo somos las bestias que están detrás.
Su voz se volvió más áspera.
—Estamos destinados a estar juntos y aun así sigues apartándote de mí.
Ciri finalmente habló.
—Tú no estabas destinado a mí.
Fenrik se quedó completamente inmóvil.
—¿Qué dijiste?
—Te escogí porque así lo quise.
El aire pareció congelarse.
Y entonces la furia explotó dentro de Fenrik de una manera tan salvaje que incluso yo pude sentir el temblor recorrer el cuerpo de Cassiel.
—Así no funcionan las cosas entre lobos. Todos tenemos un alma destinada.
—Pero yo no soy una loba —respondió Ciri con absoluta frialdad—. Soy una dragona. Tu diosa te ato a mí, pero yo decidí reclamarte como mío.
Fenrik respiró pesado.
Luego levantó una mano hasta mi rostro y por un instante pensé que iba a lastimarnos.
Pero no.
Se inclinó hacia adelante intentando besarnos.
Y Ciri apartó mi rostro con evidente rechazo.
Aquello terminó de destruirlo.
Lo vi en sus ojos.
En aquella expresión herida que jamás imaginé ver en el lobo de Cassiel.
—Es porque permitiste que ese otro dragón se acercara a ti… ¿verdad?
El silencio cayó entre ambos.
Y entonces el control que Ciri ejercía en mi desapareció.
Sentí mi conciencia regresar de golpe a mi cuerpo mientras trastabillaba ligeramente intentando recuperar el control de mí misma.
Fenrik, en cambio, seguía ahí.
Completamente fuera de control.
—No te atrevas, Ciri —gruñó mirando directamente mis ojos, aunque claramente no me hablaba a mí—. No huyas de mí. Dímelo de frente.
Sus dedos se clavaron con más fuerza sobre mis brazos.
—Me traicionaste… ¿verdad? Traicionaste lo que teníamos.
La presión comenzó a doler y le dije.
—Fenrik…
Pero él ni siquiera parecía escucharme.
Su respiración era pesada.
Errática.
Y comprendí que Fenrik estaba sufriendo terriblemente ante el rechazo de Ciri.
—Me lastimas —susurré mirándolo directamente a los ojos—. Cassiel…
Entonces ocurrió durante un instante sentí claramente que Cassiel intentaba recuperar el control de su cuerpo. Hasta que pude ver en el cómo se mantenía a la par de Fenrik.
Y ambos hablaron al mismo tiempo.
—¿Creyeron que no descubriríamos lo que ocultaron?
Mi respiración se detuvo.
—¿Por qué aceptaste que lo protegiera? ¿De quién de las dos fue la idea o acaso fue de amabas? —gruñó Fenrik a Ciri.
—¿Te abrió las piernas mientras estabas lejos de Etheria? ¿A su dragón la tuya si le permitió vincularse y ser un solo ser? —escupió Cassiel con una furia tan oscura que sentí un vacío abrirse dentro de mi pecho—. ¿Permitiste que otro te tocara mientras cargabas a nuestros hijos en tu vientre y mi lobo y yo vivíamos de luto totalmente desesperado?
Mis ojos se abrieron completamente.
—Cassiel…
Pero él ya no estaba razonando solo hablando en conjunto con Fenrik porque ambos sentían cada palabra.
—Lo trajeron consigo, ¿verdad? —continuaron con aquella mirada rota y salvaje—. Su plan era conservarnos a ambos. El lobo y el dragón. Porque lo encontraron Lila, encontraron al maldito macho que ocultaste.
El aullido de Cassiel fue brutal después de decir.
—Ciri le pertenece a Fenrik y tú me perteneces a mí.
Cassiel revelo sus colmillos antes de decir.
— Para siempre.
Después de eso no dudo y me mordió.
No solo para marcarme de nuevo sino para tomar mi sangre
Cuando termino se apartó satisfecho, pero era muy tarde, la rabia explotó dentro de mi tan rápido que ni siquiera pensé lo que hacía.
Mi mano impactó directamente contra su rostro.
La bofetada resonó con fuerza dentro del calabozo.
Y el silencio que siguió fue mucho más doloroso que cualquier grito.







