Mundo ficciónIniciar sesiónLo primero que pensé al abrir los ojos fue que había muerto.
No porque sintiera paz, ni porque el dolor del impacto hubiera desaparecido, sino porque absolutamente nada de lo que tenía frente a mí se parecía a Boca del Río.
Aquello parecía otro mundo.
—Lila, necesitamos que estes consciente, nuestro vinculo no está en sincronia.
La voz de Ciri resonó dentro de mi mente con una claridad que me hizo sentir un poco más tranquila, aunque apenas pudiera mantener la conciencia.
Parpadeé varias veces mientras intentaba enfocar la vista, y durante unos segundos pensé que seguía atrapada en algún tipo de ilusión, porque frente a mí se alzaban enormes estructuras de metal y vidrio que parecían tocar el cielo, criaturas de hierro que jamás había visto avanzaban sobre el suelo con ruedas, emitiendo luces y sonidos extraños, y cientos de humanos caminaban entre aquellas calles.
—¿Qué es esto? —murmuré mentalmente.
Sentía el cuerpo entumecido, la cabeza me latía con fuerza y todavía podía recordar el instante exacto en que Sebastián me había arrojado por el acantilado.
—No lo sé —respondió Ciri, y por primera vez desde que comenzamos a comunicarnos percibí incertidumbre en su voz—, pero no estamos donde deberíamos.
—¿Estamos en los límites de Boca del Río?
—No — respondió Ciri.
—¿Umbra Noctis? — insistí queriendo creer que no estábamos tan lejos de Cassiel.
—No.
Un escalofrío recorrió mi espalda.
—Entonces… ¿dónde estamos?
Ciri no respondió.
Y eso me asustó más que cualquier otra cosa.
Apenas logré enfocarme, y fue entonces cuando me di cuenta de que estaba en mi forma de dragona, volando en medio de aquel lugar, justo cuando los gritos comenzaron.
Baje la mirada y comprendí que todos me observaban.
Algunos corrían.
Otros levantaban pequeños objetos brillantes hacia mí y otros simplemente señalaban, incapaces de apartar la vista.
—Lila…
La voz de Ciri se tensó.
—No estamos solas.
No hizo falta que lo dijera.
Una sombra inmensa descendió del cielo entre aquellas estructuras, con escamas de un intenso color escarlata que brillaban bajo la tormenta que acababa de comenzar, mientras sus ojos dorados parecían atravesarme incluso desde la distancia, como si intentaran comunicarse conmigo.
Un dragón.
—Ciri…
—Lo veo.
Mi corazón empezó a golpear con violencia.
—¿Es alguna especie de enemigo?
Hubo un silencio.
—No lo sé.
Aquella respuesta me heló la sangre.
El dragón descendió un poco más, y aunque la distancia seguía siendo enorme, pude notar algo extraño.
No estaba atacándome.
No mostraba los colmillos.
No rugía.
Solo…
Me miraba.
Entonces una voz invadió mi cabeza.
No era Ciri.
—Desciende.
—¿Lo escuchaste? — le pregunte a Ciri.
—Sí — respondió ella.
La voz regresó.
—Deja de volar en círculos. Vas a destruir un edificio.
—No entiendo nada —murmuré a Ciri.
—Desciende. Estás poniendo a todos en peligro, — insistió mentalmente él dragón que nos seguía.
—Lila —dijo Ciri con urgencia—, no sé cómo responderle.
—¿Qué significa eso?
—Lo que acabas de escuchar… nunca he visto a otro dragón, y no sé cómo responderle.
Y fue entonces cuando el miedo nos ganó.
Ni Ciri ni yo pensamos.
Simplemente comenzamos a volar más rápido.
Y al hacerlo, Ciri reaccionó conmigo.
—¡Más rápido! —grité mentalmente.
—Ya lo intento.
—¡No creo que sea buena idea que nos alcance!
—Es muy rápido… parece un cazador.
—¡No me importa, Ciri! ¡Debemos regresar con Cassiel!
El otro dragón nos siguió.
No atacaba.
No rugía.
Simplemente nos seguía.
Y eso me aterraba mucho más.
Atravesamos la tormenta, el hielo y las nubes mientras yo apenas podía mantener el control del vuelo, porque Ciri se sentía debilitada y ambas sabíamos que ya no estábamos en condiciones de soportar una persecución demasiado larga.
—Lila…
—No pares.
—No puedo mantener esto mucho tiempo.
—¡Entonces encuentra una salida!
—Hay algo delante.
Miré.
Y lo vi.
Una montaña con una grieta.
—¿Qué es eso?
—No lo sé.
Detrás de nosotras, el otro dragón volvió a hablar.
—No atravieses. El territorio de los lobos no nos pertenece. Nuestra especie no es bienvenida ahí.
Fue demasiado tarde.
Ciri batió las alas con toda la fuerza que nos quedaba, quizá los lobos no eran amigos de los dragones en este lugar, pero nosotros éramos la Luna de Cassiel y supuse al menos nos ayudarían a regresar junto a nuestro amado.
Sin embargo, ante el esfuerzo ambas perdimos el conocimiento
Cuando recuperé la conciencia, intenté incorporarme, pero no pude.
Mi visión se volvió borrosa.
Y entonces escuché pasos.
Intenté gritar, pero de mi boca solo salió un gemido.
La oscuridad volvió a reclamarme y esta vez estuve seguro de que pasaron horas.
Porque cuando volví a abrir los ojos, me di cuenta que alguien me había arrastrado hasta una cueva.
Parpadeé varias veces hasta lograr enfocar.
Dos figuras femeninas estaban frente a mí.
Una estaba sentada junto a una cama improvisada.
La otra, la otra estaba muriendo.
Podía verlo incluso desde donde estaba.
Su respiración era apenas un suspiro.
Su piel parecía apagarse con cada segundo.
Y la mujer que permanecía a lado de la que estaba muriendo cantaba suavemente en un idioma que jamás había escuchado, con una ternura tan profunda que por un instante olvidé mi propio miedo al estar lejos de Cassiel.
—Ciri, ella es… —pregunte mentalmente. —¿La misma bruja que ayudó a Cassiel a despertarme?







