Desde que descubrí las mentiras de Elena, me convencí de que cada mentira, cada traición y cada decisión manchada de sangre podían justificarse simplemente porque yo era rey, y porque, sin importar todo lo que hubiera hecho, algún día reclamaría a Lila como propia, pero aquella noche, mientras la observaba de pie frente a mí, desafiante, orgullosa y completamente fuera de mi alcance, comprendí de la forma más cruel lo que realmente significaba perder.
Porque una cosa era soportar el odio de Lil