Desde luego cumplí mi promesa. Me aseguré de que Lila viviera la misma pesadilla de la que, según Elena, había sido víctima. O al menos eso fue lo que me repetí mientras organizaba cada detalle, mientras seleccionaba personalmente a los hombres que se encargarían de aquel trabajo y los observaba uno por uno antes de darles la única instrucción que realmente importaba.
—No la maten, pero no tengan compasión.
En aquel momento estaba convencido de que aquello me haría sentir justicia. Creía que, c