Mundo ficciónIniciar sesiónUn día, yo solo era la marginada de Silver Crest. La gorda a la que el idiota del hijo del Beta humilló y rechazó frente a todos. Pero antes de que las burlas lograran acabar conmigo, el futuro Alfa apareció... y me reclamó. Yo no entendía por qué Osborne vino por mí en mi peor momento. Lo que no imaginaba era que el lobo más peligroso de la manada esperaba para hacerme suya. Pronto aprendí algo: él no solo quería desafiar a todos por mí. Lo quería absolutamente todo. Decía que el destino me había hecho su compañera de segunda oportunidad. Pero la forma en que me devoraba con la mirada, la posesividad con la que me defendía, la manera en que se embriagaba con mi aroma... Ya no era solo el destino. Era una obsesión. Cruda, salvaje y excitante. ¿Y qué era lo más loco de todo? Que estaba dispuesta a dejar que me consumiera por completo. Y lo haría de buena gana.
Leer másPOV: OliviaMientras conversábamos, Aina miró por encima de mi hombro y la sonrisa más deslumbrante que había visto en mi vida iluminó su rostro. Ni siquiera necesité girarme. El instinto me decía que era Osborne.Me pregunté qué le veía al arrogante de mi hijo. Aunque, al pensarlo bien, no podía culparla. Yo también fui así en mi juventud: una loba perdidamente enamorada de Owen. Solo pensar en mi compañero me amargó el humor.Seguí su mirada y, en efecto, se encontró con los ojos de Osborne.—¿Te vas a quedar ahí parado como un idiota? —lo llamó Aina.Y, como si estuviera bajo un hechizo, mi hijo al fin se acercó a nosotras.Vaya. Así que el terco y temible Osborne sí sabía acatar órdenes cuando le daba la gana.—Madre —saludó él con voz ronca, aunque sus ojos oscuros se fijaron de inmediato en su compañera y la miró como si fuera el tesoro más preciado de este mundo.—Creí que estabas lidiando con tu padre en el despacho —comenté.Me miró con atención antes de responder.—
POV: Osborne—¿Eso es todo? —pregunté, sin emoción.El Alfa negó con la cabeza.—No. Aún no has dicho lo que quiero escuchar, Osborne. ¡Tu capricho con ella se acaba hoy! Además, ni siquiera es tu compañera destinada, y aun así tuviste la audacia de reclamarla en público.Estaba realmente molesto. Sabía que, si no lo cortaba de raíz, la discusión se alargaría hasta el cansancio.—Mi madre tampoco era tu compañera destinada, papá —le aclaré. Me levanté de golpe, mientras la furia ardía en mis venas—. Que tú no tuvieras los huevos para luchar por la loba que amabas, que la sacrificaras por el estúpido deber de la manada, no significa que yo vaya a hacer lo mismo. ¡La abandonaste como un cobarde, pero yo no soy tú! —rugí.Mis palabras lo golpearon como un derechazo en la mandíbula. Mi padre retrocedió un paso, con los ojos muy abiertos por mi respuesta. No esperaba que yo atacara justo donde más le dolía. Y en ese instante, supe que ya no había vuelta atrás.Solté el aire que había
POV: AinaMientras estábamos cómodos y enredados el uno en los brazos del otro tras el desgaste del celo, el teléfono de Osborne comenzó a sonar y fastidió nuestra paz.Mi Alfa siseó con molestia al ver la pantalla.—Parece que mi padre lleva un siglo intentando saber dónde estoy —murmuró y me dio un beso rápido en los labios antes de contestar.Mi rostro ardió por completo. Ningún lobo me había tratado así jamás: como si yo fuera lo más importante de su mundo.—Sí, padre. ¿Hay algo en lo que pueda ayudarte? —gruñó Osborne, y logré escuchar al Alfa Owen soltar un suspiro al otro lado de la línea.—Por desgracia, sí, Osborne. Es sobre el Alfa Hamilton.El cuerpo de mi compañero se puso rígido por un momento antes de recuperar su compostura.—Estaré contigo en el despacho en cinco minutos —sentenció y cortó la llamada.Se sentó en el borde del colchón. Toda su ternura se esfumó.—¿Pasa algo malo? —indagué, con cuidado.Sabía perfectamente quién era Hamilton: el Alfa de la mana
POV: Owen Después de terminar la llamada, dejé escapar un suspiro pesado. Sabía que mi amigo no se tomaría el asunto a la ligera, y Osborne, tan terco como siempre, no facilitaría las cosas. Para ser franco, ni siquiera creía que seguía interesado en Bella. Aunque no podía negar que hubo un tiempo en que sí le importaba. En aquel entonces, pensé que sería lo mejor si ambos se vinculaban, sobre todo porque era obvio que a él también le gustaba a Bella. Pero todo cambió de improviso. Se alejó, la evitó, y me quedé preguntándome qué pasó en realidad. Me recosté en mi silla y me apreté los ojos con los dedos mientras se sentía el latido de un dolor de cabeza. La desaparición de Olivia tampoco ayudaba a mejorar la situación. Huyó a algún lado, y por mucho que intenté contactarla a través del enlace, me dejó fuera por completo. Así que, en su lugar, agarré mi teléfono e intenté llamar a mi hijo. Necesitábamos hablar de Bella en ese momento, antes de que las cosas se salieran de contr
Último capítulo