—No. Eso solo fue el trasfondo para que entendieras como paso todo.
Su mano subió hasta mi mejilla.
—La verdadera maldición es que al menos el noventa y nueve por ciento de nosotros jamás podrá tener descendencia porque los inmortales rara vez son fértiles… también que la mayoría de los que no encontraron pareja antes de ser inmortales jamás encuentran a su compañera destinada porque la Diosa de la luna rara vez nos empareja con otras creaturas que no sean como nosotros.
Mi respiración se detuv