Capítulo 14 POV Lila

Cassiel levantó la mirada de inmediato. mientras nuestros ojos se encontraron.

Roy exhaló lentamente, como alguien que llevaba esperando aquel momento, y después de observarnos a ambos durante unos segundos, se incorporó.

—Los dejaré solos.

Mi mirada apenas se movió hacia él cuando pasó a mi lado, y aunque no dijo nada más, el leve asentimiento que me dedicó antes de marcharse me dejó claro que aquello no era una casualidad.

Roy quería que escuchara.

Cuando finalmente desapareció por el corredor, volví a mirar a Cassiel, intentando ignorar la extraña mezcla de nervios, curiosidad… y algo mucho más peligroso que siempre aparecía cuando estaba cerca de él.

Mi voz salió más baja de lo que esperaba.

Pero no tembló.

—¿A qué maldición se refería? — repetí.

Cassiel me sostuvo la mirada durante varios segundos, y algo en sus ojos me hizo comprender que lo que estaba a punto de escuchar probablemente iba a cambiar mi forma de verlo… quizá incluso mi forma de verme a mí misma.

Finalmente extendió una mano hacia mí.

—Ven aquí, Lila.

No hubo orden en su voz.

Ni exigencia.

Solo una suavidad tan extraña viniendo de alguien como él que, por alguna razón, hizo que mi cuerpo obedeciera antes de que mi mente pudiera intervenir.

Di un paso.

Después otro.

Y cuando finalmente coloqué mi mano sobre la suya…

Sentí el mundo estremecerse.

No fue una metáfora.

Lo sentí de verdad.

Una corriente tibia recorrió mis dedos, subió por mi brazo y atravesó mi pecho con una intensidad tan inesperada que por un segundo me olvidé incluso de respirar.

Cassiel cerró los dedos alrededor de mi mano con una firmeza protectora, tirando suavemente de mí hasta dejarme justo frente a él.

—No tienes que asustarte —murmuró.

Quise responder.

Quise decirle que no estaba asustada.

Que lo que sentía era algo completamente distinto.

Pero antes de que pudiera hacerlo, me tomó por la cintura y me sentó sobre sus piernas con una naturalidad tan desconcertante que debería haberme sobresaltado… debería haberme apartado… debería haber recordado todo lo que los hombres podían hacer cuando tenían demasiado poder sobre una mujer.

Pero no ocurrió.

Porque en lugar de tensión…

Mi cuerpo se relajó.

Porque en lugar de miedo…

Sentí seguridad.

Y antes de darme cuenta, estaba acurrucándome contra su pecho como si aquel lugar siempre me hubiera pertenecido.

Cassiel dejó escapar un suspiro profundo antes de rodearme lentamente con ambos brazos, mientras una de sus manos subía por mi espalda en una caricia lenta, nada invasiva, nada apresurada… pero tan íntima que un calor completamente nuevo comenzó a instalarse entre mis piernas, haciéndome apretar los muslos con fuerza mientras intentaba convencerme de que aquello no estaba pasando.

—Lila…

Su voz salió más grave.

Levanté el rostro para mirarlo.

—¿Qué pasa? ¿Por qué no me habías dicho nada de esta supuesta maldición?

Sus ojos descendieron hasta mis labios durante apenas un segundo ante de volver a mis ojos.

—Quiero que entiendas algo antes de decirte todo sobre la maldición.

Sentí cómo mi garganta se secaba.

—Está bien…

Cassiel acarició lentamente mi cintura.

—Si después de esto decides que no deseas permanecer a mi lado… entenderé tu decisión.

Mi corazón dio un vuelco.

—Cassiel, yo…

—Pero…

Su voz se volvió más oscura.

Más posesiva.

—Aunque lo entienda… jamás te dejaría ir.

Mi respiración se cortó por completo.

—¿Qué?

Sus ojos brillaron de una forma que me hizo estremecer.

—Eres mi compañera, Lila, y aunque sé que probablemente esto no es la vida que soñaste… el mundo sería mucho más peligroso si yo me quedara sin ti.

—Cassiel…

No sé qué me ocurrió.

No sé si fue el calor de su cuerpo.

No sé si fue la obsesión salvaje que había en su mirada.

No sé si fue la manera en que me sostenía como si fuera algo irremplazable.

Pero, antes de darme cuenta…

Fui yo quien cerró la distancia.

Mis labios encontraron los suyos.

Y en el instante exacto en que ocurrió…

Creí escuchar un rugido dentro de mi cabeza.

Como si el ser que vivía dentro de mí quisiera reclamarlo como nuestro.

Cassiel no me apartó.

Por el contrario, era como si también hubiera escuchado el rugido y estuviera feliz.

Subiendo su mano hasta mi nuca mientras profundizaba el beso con una lentitud erótica, que dominaba, cada temblor que escapaba de mi cuerpo, hasta que la humedad entre mis piernas se volvió imposible de ignorar.

Y cuando me moví ligeramente sobre él…

Sentí su dureza debajo de mí.

El jadeo que escapó de mis labios se perdió contra su boca.

Cuando finalmente nos separamos, ambos respirábamos con dificultad.

Pero Cassiel fue el primero en recuperar el control.

—Los lobos y los vampiros fueron enemigos durante siglos o al menos eso creíamos antes de descubrir cuales eran sus verdaderos planes.

Parpadeé intentando ordenar mis pensamientos.

—No entiendo. ¿Vampiros?

Cassiel apoyó la frente contra la mía antes de continuar.

— Después de tanto tiempo, incluso nosotros no entendemos todo, pero sabemos dónde comenzó. En el mundo original, en un continente llamado América, existió un alfa que fue capaz de unificar a todas las manadas bajo una sola, Lunarcrest.

—¿Mundo original? ¿Lunarcrest?

—Es la manada de lobos más poderosa de entre todos los mundos, pero cuando su alfa desapareció sin dejar rastro, y las betas que dejó al mando aceptaron la ayuda del príncipe oscuro, este los transformo en inmortales y comenzó la conversión del resto de nosotros.

—Esto es cada vez más confuso ¿Quién es el príncipe oscuro y que tiene que ver con la maldición de la que los escuche a ti y a Roy hablar?

Cassiel exhaló lentamente.

—El príncipe oscuro es el vampiro más temido de todos los mundos.

—¿Y él convirtió a los lobos en híbridos?

Vi cómo la mandíbula de Cassiel se tensaba.

—Somos lobos, Lila. Nunca olvides eso.

Tragué saliva.

—Convirtió a los beta que se quedaron acargo en inmortales, después ellos convirtieron a los miembros de Lunarcrest, y fueron estos mismos miembros quienes, con el paso de los siglos, se encargaron de extender aquella condición al resto de las manadas. Sin embargo, nunca dejamos de ser lobos. Nunca. Por eso el término híbridos no nos gusta… porque implica que dejamos de ser lo que siempre hemos sido. ¿Lo entiendes?

Sentí un escalofrío recorrerme por completo. Aquel definitivamente era un tema sensible.

—¿Y esa es la maldición ser eternos?

Él negó lentamente y entonces me pregunte. "¿Cúal es realmente la maldicón?"

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