Capítulo 12 POV Lila

—¿Me conoces? —pregunté, porque desde que la note algo en ella me parecía familiar, aunque no lograba encontrar el recuerdo exacto.

La bruja sonrió con una serenidad que no pertenecía a alguien tan joven.

—No.

Fruncí el ceño.

—Entonces, ¿por qué me miras así?

Su sonrisa se volvió más suave.

—Porque me habría gustado conocerte mucho antes de hoy.

Aquello me dejó todavía más confundida.

—No entiendo.

La bruja ladeó apenas la cabeza, como si mi confusión le resultara tierna.

—Estoy en el ocaso de mi vida y este ha sido mi último trabajo antes de partir.

No supe qué responder.

La frase era demasiado tranquila para el significado que parecía esconder.

La puerta se abrió en ese momento, y Samuel entró primero, seguido de Cassiel, pero ambos se detuvieron al escucharla, especialmente Samuel, cuyo rostro perdió todo color para llenarse de una incredulidad herida.

—¿Qué dijiste? —preguntó él.

La bruja ni siquiera pareció sorprendida.

—Samuel.

—No —la interrumpió él, acercándose un paso—. No me habías dicho que era hoy yo no sabía que era hoy. ¡Como pudiste callar algo así!

Ella suspiró con paciencia.

—No pensé que hiciera falta convertirlo en una despedida dramática.

—¿Dramática? —Samuel soltó una risa amarga, pero sus ojos no reían—. Hemos trabajado juntos durante años y se te ocurre decirlo así, como si estuvieras avisando que vas a cambiar de ciudad.

Yo los miré a ambos, cada vez más confundida, porque Samuel no sonaba molesto como médico, sino como un amigo al que acababan de arrancarle una verdad que merecía saber antes.

—Mi vida ha sido excesivamente larga —respondió ella con calma—, y francamente estoy feliz de comenzar una segunda oportunidad.

La miré con el corazón apretado.

—¿A qué te refieres?

Cassiel fue quien contestó, aunque su voz se volvió más baja, como si quisiera suavizar algo que no podía suavizarse.

—Cuando una bruja llega al ocaso de su vida, significa que está a punto de partir.

Tragué saliva.

—¿Partir a dónde?

La bruja sonrió.

Pero no con tristeza.

Con una felicidad tan pura que me heló.

—Hacia la muerte.

Sentí que el aire desaparecía.

—¿Cómo puedes decir eso así? ¿Cómo puedes estar feliz? — interrumpió Samuel y en ese momento quedo claro que el hecho de no volver a ver aquella bruja le afectaba más de lo que nadie podría entender.

Ella se levantó despacio, acomodándose la túnica con mucha tranquilidad.

—Porque no tienes nada que temer por mí. He esperado este descanso durante siglos, y no todas las brujas tienen la fortuna de tener una segunda oportunidad para cumplir el destino en el que tan terriblemente fallaron. — me miro a mí, esforzándose por mirar a Samuel antes de agregar. — Se supone que mi destino era ser una buena hermana, pero falle terriblemente.

—Adiara fue un terrible ser que fuera encerrada en el circulo del dolor eterno fue lo mejor que pudo suceder. — grito Samuel.

Mi garganta se cerró.

No sabía si tenía derecho a sentir tristeza por alguien que apenas conocía, que ni siquiera sabía su nombre, pero algo dentro de mí se estremeció, quizá porque acababa de despertar de mi propio infierno y aquella mujer hablaba de la muerte como si fuera una puerta abierta hacia la paz.

—No estés triste —le repitió la bruja a Samuel — quien sabe querido lobo quizá en mi segunda oportunidad se me permita ser tu compañera. Seré como una hibrida o algo así.

Samuel abrió y cerro la boca hasta que finalmente dijo.

—¿Cómo sabes en lo que rencarnaras? ¿Cómo sabes realmente que rencarnaras?

Ella lo ignoro como si lo que había dicho no tuviera importancia en aquel momento.

—¿Puedes creerlo, suena como si realmente le afecta mi partida? Tenemos siglos pelando.

Se acerco entonces a mi ignorando a Samuel lo suficiente para tomar mi mano con una delicadeza casi maternal

—Quiero agradecerte antes de irme.

—¿A mí?

Sus ojos brillaron.

—Antes de partir he tenido la oportunidad de conocer a un dragón negro, aunque fuera por sangre, y créeme, Lila, hay milagros que incluso una vieja bruja no espera ver dos veces.

Mi mano fue inconscientemente hacia mi pecho.

Ciri.

No sabía por qué pensé ese nombre.

Solo apareció.

La bruja sonrió como si también lo hubiera escuchado.

Después se apartó.

—Cuídala, Alfa tu compañera es realmente un joya.

La voz de Cassiel sonó grave.

—Lo haré.

—No —corrigió ella, mirándolo con una calma que parecía atravesarlo como si ella hubiera entrado en un trance y estuviera a punto de profetizar algo—. No como Alfa. No como hombre marcado por el destino. Cuídala incluso de la obsesión que muy pronto se desbordara en ti. El futuro trae consigo grandes obstáculos y solo una mente serena te salvara del caos.

Cassiel no respondió de inmediato.

Luego inclinó la cabeza.

—Con mi vida.

La bruja pareció satisfecha y caminó hacia la puerta.

Samuel la siguió de inmediato.

—No puedes irte así. No puedes abandonarme.

—Claro que puedo.

—No después de todo lo que hemos compartido aún hay algo que debo decirte, algo que necesito confesarte.

Ella siguió caminando por el pasillo.

—Nos volveremos a ver ya lo veras ni te desharás tan fácil de mí.

Samuel se detuvo.

—¡No te atrevas a irte Ary!

Ary miró por encima del hombro antes de decirle a Samuel.

—Mi alma tenía un propósito que nunca alcancé a cumplir. Una tarea sencilla en apariencia, amar y hacer sentir aceptada a la hermana que los dioses habían destinado para la grandeza pero, quien sabe en mi segunda oportunidad quizá no solo pueda cumplir lo que en esta vida me falto, sino que también quizá, solo quizá se nos permita estar juntos.

Samuel no dijo nada.

O quizá no pudo.

Y entonces ambos desaparecieron por el pasillo, dejándonos solos.

El silencio cayó otra vez, pero esta vez no me sentí completamente perdida, porque Cassiel seguía ahí, mirándome como si yo fuera el centro exacto de un mundo que acababa de cambiar.

—Cassiel…

No supe qué más decir.

Él se acercó despacio, dándome tiempo para apartarme, pero cuando no lo hice, me tomó entre sus brazos con una firmeza que no exigía nada y al mismo tiempo prometía sostenerlo todo.

—¿A dónde me llevas? —pregunté, aferrándome a él sin entender por qué mi cuerpo confiaba antes que mi mente.

Cassiel bajó la mirada hacia mí, y por primera vez desde que desperté, vi una sombra de ternura atravesar su rostro.

—Vamos a que toda la manada te conozca, mi querida luna.

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