—Tía, deberías haberte comprado lencería para el viaje.
Lena le da vueltas a mi sujetador blanco como si fuera lo más soso del mundo. Se lo quito de las manos y lo aplasto en mi pequeña maleta.
—Es un viaje de trabajo.
—Pero si te lo follas en la oficina —se ríe Gema y se inclina sobre mi cama con los ojos bien abiertos—. ¿Te lo vas a follar en su avión privado? ¡Qué fantasía!
Me pongo roja como un tomate, y aunque quiero regañarlas, termino riendo.
—No todo gira en torno a follar con Dominic, ¿sabéis? —miento, porque, joder, sí que gira bastante en torno a eso.
—Claro, claro —dice Lena, con un guiño de que no se cree nada—. Por eso estás metiendo tus mejores bragas. Venga, Olivia, que nos conocemos.
Gema se echa a reír, y yo resoplo, tirándole una camiseta a la cara.
—Sois lo peor. —Pero no puedo evitar sonreír. Tenerlas aquí, burlándose de mí mientras doblo blusas y meto bragas en la maleta, hace que el nudo en mi estómago se afloje un poco—. Me cuidáis bien de Bobby, eh.
—Que sii