—Tía, deberías haberte comprado lencería para el viaje.
Lena le da vueltas a mi sujetador blanco como si fuera lo más soso del mundo. Se lo quito de las manos y lo aplasto en mi pequeña maleta.
—Es un viaje de trabajo.
—Pero si te lo follas en la oficina —se ríe Gema y se inclina sobre mi cama con los ojos bien abiertos—. ¿Te lo vas a follar en su avión privado? ¡Qué fantasía!
Me pongo roja como un tomate, y aunque quiero regañarlas, termino riendo.
—No todo gira en torno a follar con Dominic,