Convencer a Dominic de quedarse en casa es imposible, ha querido mantener su agenda y Calvin y él se han reunido un par de horas en su despacho sin darme ningún tipo de pista sobre lo que pasa ahí dentro.
Un par de semanas después sé que le sigue doliendo, a mi no me engaña con las muecas que pone cuando pretende hacer como si nada.
—Olivia, ¡hola! —Laura me detiene en la cafetería, he bajado a por una botella de agua para Dominic, aunque él se empeña en tomar medicamentos con whisky. Creo que ya no me lo discute porque lo ignoro—. Mis prácticas aquí terminan mañana y necesito que Dominic me firme la justificación de horas, ¿crees que puedes conseguirme unos minutos con él?
La bilis me sube por la garganta. ¿Unos minutos con Dominic? ¿Para qué, para firmarle un papel que yo puedo darle o para abrirse de piernas? La miro, con su sonrisa perfecta y su pelo rubio cayendo en ondas calculadas, y siento una punzada de inseguridad que odio admitir. ¡Es una chiquilla! La idea de que Dominic