Me despierto por la claridad que entra a través de los ventanales. Tengo la cabeza apoyada en el hombro bueno de Dominic, y sé que, bajo la manta que nos eché encima, nuestras piernas están entrelazadas. Siento el calor de su piel pegada a la mía, ya no queda ni rastro del frío que desprendía anoche, lo que hace que me hunda más en él.
Cuando vuelvo a abrir los ojos, noto que su mano descansa en mi culo, acariciándome con un movimiento lento, casi perezoso, que me hace darme cuenta de que está