A solas en la habitación, me doy cuenta de que estaba conteniendo al aire y tengo ganas de vomitar, gritar y echarme a llorar. Todo a la vez.
—Dominic, por favor, tienes que ir a un hospital —me tiembla la voz mientras me acerco a la cama donde está sentado. Mis tacones resuenan en el suelo de madera, un sonido que parece demasiado alto en el silencio pesado de la habitación.
Él sacude la cabeza, gruñendo mientras se apoya en el borde de la cama para levantarse. Enseguida estoy ahí, a su lado,