—Si dejaras de moverte tanto, esto sería mucho más rápido, Russo —le dice el doctor, no como un reproche, sino con la calma de alguien que está acostumbrado a lidiar con personas como Dominic.
Dominic le pega otro trago a la botella de whisky a la que se ha aferrado para combatir el dolor.
—Haz tu trabajo y déjate de comentarios —le espeta de mala gana, aunque su voz suena más agotada que enfadada.
Me muerdo el interior de la mejilla, viendo cómo la aguja atraviesa su piel de nuevo, cerrando la