El día de la gala benéfica, mi piso parece un campo de batalla. Me he comprado un vestido sencillo pero que me encanta; amarillo pastel, de seda, con un pronunciado escote en V sin más florituras, con los tacones y el bolso a juego. Así que debería haber sido fácil prepararme, pero he tenido una crisis existencial, el maquillaje casi me mancha el vestido y he probado cuatro peinados diferentes antes de alisarme el pelo y hacerme dos trenzas finas que me mantengan el flequillo fuera de la cara.