Me he pasado el resto del día poniendo lavadoras, quitando arena de la maleta y limpiando mi piso, haciendo cualquier cosa útil para ignorar el revuelto que tengo en el estómago. He intentado convencerme de que no va a venir, pero a las cinco me he metido en la ducha, me he depilado a conciencia, y me he tirado media hora luchando con la plancha del pelo y un tutorial de maquillaje.
¿Qué estoy haciendo?
No sé por qué me estoy dejando arrastrar a lo que sea esto, pero aquí estoy, plantada delante del espejo. Me he puesto un vestido marrón que me llega a medio muslo, con unas medias oscuras y un par de tacones de aguja que me esperan junto a la cama. Los miro, preguntándome si me quiero meter en esto.
El timbre suena a las siete en punto. Respiro hondo, me meto en los tacones, y me obligo a caminar despacio hasta la puerta. Al abrirla, Dominic está detrás, a solo un par de pasos, con sus vaqueros oscuros y una chaqueta de cuero que le da un aire peligrosamente despreocupado… y atractiv