Las vacaciones se terminan y me quedo dormida en el avión de vuelta. Cuando el avión aterriza, estoy tan agotada que apenas me entero de que hemos llegado hasta que Lena me da un codazo.
—Espabila, que tengo el culo plano de estar sentado —dice, empujándome para sacarme del asiento.
Recogemos nuestras maletas, y salimos arrastrando los pies hacia la terminal. Estoy buscando un taxi con la mirada cuando veo una figura familiar junto a un todoterreno negro brillante. Andrew. ¿Qué hace aquí? Mi mente me responde que es por Dominic. Siempre Dominic.
Lo veo acercarse con pasos firmes, y su expresión tan impenetrable como siempre.
—El señor Russo me envía a recogerlas. —dice, con esa voz grave que no admite tonterías—. Las llevaré a casa.
Lena y Gema intercambian una mirada, y Lena suelta una risita.
—¿Tu jefe te manda a su chófer personal? —sisea a espaldas de Andrew—. Esto se pone interesante
—No es mi jefe —siseo, aunque la mentira suena débil incluso para mí. No he firmado el nuevo con