Tengo la maleta abierta sobre mi cama, medio llena con bikinis, vestidos ligeros y un par de sandalias. Estoy más que lista para no hacer nada durante una semana en la playa, inflarme a cócteles con Lena y Gema, y volver con un bronceado de película.
Bobby está enroscado en una esquina de la cama, ajeno al caos que he montado. Lo miro, rascándole detrás de las orejas, y no puedo evitar una punzada de ansiedad. ¿De verdad voy a dejarlo con él? No he hablado con Dominic desde que lo eché un poco