Recogemos los abrigos del ropero a eso de las tres de la madrugada y, esperando un taxi, Dylan me sacude la mano desde un coche al otro lado de la calle.
—¿Queréis que os acerque a casa?
Lena sacude el teléfono al aire justo cuando un taxi frena delante de nosotras.
—¡Nuestro taxi ya está aquí! —le grita.
Gema abre como puede la puerta del taxi y casi se cae de boca en los asientos traseros. Entre risas, intento no meter el pie en un charco ni romperme los tobillos mientras me deslizo junto a ellas dentro del coche.
Me despierto sin mucha resaca, con ganas de hacer cualquier cosa menos pensar en lo que pasó anoche. ¿Pero qué estaba intentando? ¿Darle celos a Dominic Russo? Menuda tontería, y con Dylan… Argh. Esta mañana me he levantado con un mensaje suyo:
“¿Llegaste bien a casa?”
No me he molestado en responder.
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El lunes cuando llego al trabajo todo está como siempre y me propongo volver a vivir un día normal en la oficina. Sin amenazas, sin problemas, sin el ambiente raro que ha