Ya estoy harta.
Me presento en su despacho en cuanto llego por la mañana. Él todavía no está, lo que me da unos minutos para ordenar mis pensamientos. Cuando escucho el traqueteo del ascensor, me pongo firme, me aliso las arrugas de la blusa y cojo aire.
Dominic entra en el despacho, con su presencia llenando el espacio como siempre. Se queda quieto un segundo cuando me ve aquí, de pie como una tonta.
—¿Qué quieres ahora? —me suelta, quitándose la chaqueta y lanzándola al sofá. Yo me niego a r