Tengo el resto del día libre; bueno, Dominic no lo ha dicho, pero lo he asumido cuando en lugar de volver a la empresa me ha traído a casa y se ha ido como alma que lleva al diablo.
Bobby maulla perezoso cuando lanzo las llaves en la mesilla de la entrada y casi le doy sin querer. Me agacho para rascarle detrás de las orejas. Necesito una ducha. Desnudándome en el baño encuentro que ahora tengo marcas en el cuello sobre las anteriores de la otra noche. Increíble. Dominic Russo no pierde el tiempo marcando territorio, pero no soy suya, no importa cuánto mi cuerpo parezca pensar lo contrario.
El sexo con Dominic es… explosivo, sí, pero es solo eso: sexo. Mientras me haga la dura, mientras mantenga la cabeza fría y no deje que se convierta en algo más, no habrá problema. Sé cómo es él. Dominic no es de los que se atan. Pasa de una mujer a otra, de una conquista a la siguiente, y yo no voy a ser la siguiente idiota que se cuelgue de él. Esto es físico, nada más. Puedo controlarlo. O eso