La pregunta quedó suspendida entre nosotros mientras el silencio volvía a apoderarse del comedor.
Durante unos segundos no respondí. Me limité a observarlo desde el otro lado de la mesa, intentando entender qué demonios buscaba realmente. Porque ya no sabía si Ricardo había venido al rancho para lastimarme, para vengarse de su hermano o simplemente porque estaba tan roto por dentro que necesitaba romper algo más antes de quedarse solo.
La botella de ron seguía entre sus manos. Tenía los ojos li