El regreso al rancho a mitad de la tarde estuvo marcado por la luz dorada que comenzaba a declinar sobre las lomas de Jalisco. El convoy avanzó a velocidad constante por la carretera asfaltada, girando finalmente hacia el camino de terracería que conducía a la propiedad. La polvareda levantada por las camionetas blindadas dejaba claro que la rutina del consorcio no sufría pausas ni contemplaciones.
Al cruzar el portón principal de hierro forjado, Gervasio detuvo el vehículo frente a la escalina